Está claro que la historia no se repite, pero es curioso como muchas situaciones terminan de una forma similar a cómo ha sucedido en el pasado. Esto es aplicable a muchos ámbitos de la vida, y también al financiero.

El mercado es una máquina de crear riqueza o destruirla, según como se le enfrente. Desde nuestro particular punto de vista, en BISSAN creemos que a las inversiones financieras hay que tenerles mucho respeto. En el momento en que bajas la guardia… ¡estás fuera! La mejor forma de hacer una inversión es con un plan que integre toda la situación patrimonial (patrimonio inmobiliario, empresarial, financiero, ahorro futuro, etc) y permita tener una estrategia clara. Los mercados no son cuestión de fe.

En este sentido, el principal factor de respeto hacia los mercados financieros (y que en muchas ocasiones brilla por su ausencia tanto por profesionales como por los inversores en general) es reconocer que no son predecibles. Es muy difícil saber cómo se van a comportar y cuáles serán los mejores activos en cada momento. Inexorablemente, la renta variable refleja la evolución de la productividad y riqueza a nivel global, así como la creatividad agregada de muchas personas que persiguen mediante la creación y gestión de sus empresas, incrementar su patrimonio personal y de paso el de sus accionistas. No es que la renta variable siempre suba, es que siempre habrá gente lista que crea o hace crecer empresas.

Tras unos años “dulces” en los mercados financieros, donde la volatilidad ha llegado a niveles mínimos y las rentabilidades acompañaban, muchas personas (hay que decirlo, empujadas un poco -o mucho- por el Banco Central Europeo con sus políticas monetarias expansivas) han decidido empezar a “invertir” a través de fondos de inversión. Y decimos “invertir” porque en realidad lo que han hecho es “poner” un dinero esperando un 2% – 3% anual, tal como estaban acostumbrados a hacer con los depósitos. Lo que en realidad es una inversión muy mala pues apenas recuperaría la inflación, pero esta reflexión merece por sí sola un nuevo post.

Para este tipo de clientes se configuraron muchos fondos mixtos, que procurando beneficiarse las rentabilidades de las acciones, incluyen también productos de renta fija y alternativos para reducir la volatilidad de las carteras. Así pues, en función del peso de renta variable y de la creatividad del departamento de marketing de la Entidad, un fondo mixto podía ser agresivo, moderado, defensivo, prudente, audaz, etc. No había ninguna estrategia detrás de estas inversiones, sólo la decisión inercial de “poner el dinero a trabajar”.

El año 2018 se ha presentado como una tormenta perfecta para estos productos y para sus “inversores” pues todo ha salido mal. La renta variable ha sufrido una importante corrección (pero nada anormal con respecto a lo que ha sucedido en los mercados en los últimos 80 años) y la renta fija también ha caído sin haber actuado como el “salvavidas” que se planteaba inicialmente por lo que todos los “inversores” han enfrentado pérdidas, incluso los más conservadores. ¡El oro tampoco ha servido de refugio!

En el siguiente gráfico podemos ver la evolución de los diferentes activos y cómo en 2018 todos los activos financieros han tenido un comportamiento negativo. Destacar cómo incluso en 2008 (la gran crisis) cuatro activos sirvieron de refugio: deuda pública americana, alemana y de la eurozona, así como el oro. En 2018 ninguno ha servido de salvavidas ni ha actuado como “descorrelacionador” de la cartera. Por su parte, ¡en 2016 todos los activos terminaron en positivo!

La regulación ahora solo servirá para cubrir a las entidades financieras de eventuales responsabilidades, pues seguramente todos los clientes han firmado un test de idoneidad que rellenaban teniendo en cuenta el fondo mixto que su asesor creyera (por convicción, por intuición o por campaña) fuese el más conveniente en cada momento. Ahora nadie podrá decir “esto no me lo explicaron”, aunque otra cosa sea que lo que le han explicado sea solo una parte con el fin de ajustar el Cliente a un perfil de riesgo determinado.

La cruda realidad es que los inversores han vuelto a hacer lo de siempre: invertir por inercia y esto puede funcionar uno o dos años, pero no tres. Se puede culpar a un tweet, al político de turno, a un resultado electoral imprevisto, etc., pero en realidad, que el cliente (y su asesor) estén nerviosos es porque confunden riesgo con volatilidad. La volatilidad es connatural a los mercados, el riesgo es no tener el dinero cuando se necesita, pero para esto último es necesario tener una buena planificación financiera e invertir con estrategias claras, algo que en BISSAN llevamos en nuestro ADN.

El 6 de febrero la CNMV ha comunicado que ha detectado en muchas entidades serias deficiencias al realizar el test de idoneidad o conveniencia a sus clientes lo que “puede facilitar indebidamente a la entidad la colocación de valores e instrumentos financieros, tanto propios como de terceros”. En otras palabras: un mal test de idoneidad permite “colocar” al cliente el fondo perfilado que convenga.

La planificación financiera es, sin duda, el mejor test de idoneidad para una familia o institución (porque pese a que la regulación siempre hable de clientes, los objetivos financieros los tienen las familias), pues permite conocer su situación integral (personal, familiar, laboral, patrimonial, etc) y determinar conjuntamente los objetivos vitales que se desean cubrir a lo largo de la vida. Tras esto, se plantean estrategias encaminadas a alcanzarlos y, por último, se determina qué producto se integra a la cartera. De esta manera, todos los activos que componen la cartera se integran en alguno de los objetivos, por lo que, por definición, son idóneos para la familia.

Pero claro, todo esto no cabe en un test de idoneidad.

By | 2019-02-12T11:44:22+00:00 febrero 6th, 2019|Categories: Actualidad, Newsletters, Opinión|Tags: , , , , |0 Comments