La mejor inversión

Primer trimestre del año, inversores preocupados, ¿dónde invierto este año? ¿qué hago con mi dinero?

Las subidas en bolsa de los últimos años hacen que muchos analistas escriban artículos argumentando que la bolsa está cara. En renta fija la situación es casi más dramática, muchos años de ganancias con sobrevaloración en muchos segmentos de la misma, perspectivas de subidas de tipos y por tanto, caída en los precios. Si a esto le añadimos que la remuneración del depósito bancario ha muerto con los tipos del BCE históricamente bajos, la confusión es aún mayor. Los Bancos Centrales han creado una fiesta de la que ahora no saben cómo sacar a los invitados.

Ante esta situación, la mayoría de las casas de inversión hacen sus apuestas para 2018. Mucha asimetría de información, análisis técnicos y fundamentales con potentes herramientas que pretenden prever lo que hará el mercado y dónde invertir el dinero. Que América está muy cara, que en Europa “se tiene que ser muy selectivo” (como si nunca se tuviera que ser selectivo al momento de invertir) pero hay valor, que Japón seguirá tirando, que mejor las acciones defensivas que las cíclicas, etc.

Las herramientas de análisis y gestión están dotadas de un gran componente técnico y parten de la base que el inversor es racional (curvas de utilidad, maximizar la rentabilidad al menor riesgo, etc). Aquí es dónde nos encontramos con el problema fundamental: el inversor no es racional, el inversor es humano, es emocional y pasional. Quizá el inversor institucional cumple con los parámetros sobre los cuales se basan estos modelos matemáticos, pero los clientes, las familias, distan mucho del inversor institucional.

Está demostrado que, por este sesgo emocional, en series históricas las masas de capitales entran en el mercado cuando está subiendo y salen cuando está bajando, con el drenaje de rentabilidad que ello conlleva y lo que es peor, insomnio, preocupaciones y cabreos con quien recomienda dicha inversión.

Es entonces, cuando desde hace unos años se comienza a oír hablar de finanzas conductuales o behavioral finance. Esta corriente que proviene de EEUU, pretende identificar todos aquellos sesgos que hacen que el inversor no se comporte todo lo racional que los modelos matemáticos requieren. Una vez identificados, es más fácil luchar contra ellos para reducir los potenciales errores al momento de invertir.

Ahora bien, ¿cómo se consigue tener un comportamiento inversor correcto? ¿cómo se consigue que el dinero no sea una preocupación y tenga un impacto emocional positivo y no negativo en la vida diaria?

La mejor inversión es sencillamente tener un plan. Este plan hará de hoja de ruta para poder movernos con tranquilidad en los mercados. Para elaborar dicho plan, se requiere frenar un tiempo de la vorágine diaria para pensar, analizar, priorizar, cuantificar e incluso soñar. En qué patrimonio está sentada la familia (inmobiliario, empresarial y financiero), qué activos son realmente productivos, cuál es el balance no financiero (empleabilidad, impactos sucesorios, situaciones de dependencia …), capacidad de generación de recursos presentes y futuros, qué prioridades vitales se quieren cubrir, qué necesidades de recursos requieren dichas prioridades vitales, etc.

Con toda esta información, se pueden verificar si las coberturas de los riesgos principales de la familia son suficientes o demasiadas o cómo hay que preparar las disposiciones testamentarias.

Todo este trabajo es imprescindible realizarlo para preparar un plan/hoja de ruta, susceptible de modificaciones, donde afloran plazos e importes y que servirá de gran ayuda para poder implementar las estrategias adecuadas para conseguir esos objetivos vitales que se han priorizado, y entonces sí, comenzar a invertir.

Está demostrado que este proceso hace separar al inversor del dinero y conductualmente se invierte con más sentido y criterio.  El dinero trabaja para conseguir objetivos vitales. Todo redunda finalmente en mejor comportamiento inversor y mayor rentabilidad. Además, el inversor duerme un poco más tranquilo. Ya no existe una masa patrimonial que hay que ir moviendo con el objetivo de generar la máxima rentabilidad con el mínimo riesgo, sino que quizá haya partes de dicha masa patrimonial que atiendan objetivos a distintos horizontes temporales y que no tengan la misma estrategia de inversión.

¿Se puede subir a un avión sin destino? ¿Se puede invertir sin planificar?

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En el siguiente link se publicó también este artículo en la web de EFPA España.

By | 2018-05-16T15:40:18+00:00 abril 27th, 2018|Actualidad|0 Comments