¿Cómo me voy a ir de viaje sin preparar las maletas? ¿Cómo voy a elegir el medio de transporte sin tan siquiera conocer el destino?
Coger un avión para ir tres calles más allá es como tratar de cruzar el océano en bicicleta (o el Niágara, como la canción de Juan Luis Guerra).
Cuando hablamos de gestión patrimonial, tenemos que hablar de planificación. No debemos comenzar a elegir transporte sin tener claro el destino.
Una buena planificación, además de para otras muchas cosas, sirve para asignar medios de transporte a destinos deseados.
¿Y qué tiene que ver esto con el título del artículo?
Pues tiene mucho que ver. Harry Markowitz ganó el Premio Nobel de Economía en 1990 por su frontera eficiente en la selección de carteras, basada en el artículo que publicó en 1952.
Con un horizonte temporal de un año, relaciona la rentabilidad (eje vertical, ordenadas) con la volatilidad (eje horizontal, abscisas), como se detalla en la gráfica:

El cuadrado en negrita indica una cartera con el 100% en renta variable (acciones) y el cuadrado blanco indica una cartera con el 100% en renta fija (bonos). La curva establece la frontera eficiente para la creación de carteras en función de la rentabilidad anualizada y la volatilidad que se quiera asumir en el año.
Con esta curva se construyen muchas de las carteras perfiladas en la industria del asesoramiento. Sin embargo, hay un factor muy importante que cambia significativamente la curva: el tiempo.
La volatilidad es una variable discreta, mientras que la rentabilidad es continua. Por lo tanto, si incorporamos el factor tiempo, las rentabilidades se van acumulando, mientras que las volatilidades no.
Las familias, al tener objetivos —muchos de ellos a horizontes temporales mayores a un año—, deben tener en cuenta este factor. Para poder cubrir sus objetivos vitales, el mundo no debe comenzar cada año el 1 de enero y terminar el 31 de diciembre. Las carteras volátiles, siempre y cuando estén bien diversificadas, con el tiempo generan mejores resultados que las carteras menos volátiles.
Si incorporamos el factor tiempo en la frontera eficiente de Markowitz, vemos cómo, solo en 5 años (prácticamente lo que va de un Mundial de fútbol a otro), la volatilidad de una cartera de renta variable bajaría a menos de la mitad, mientras que la rentabilidad anualizada disminuye muy poco. Y si nos vamos a horizontes temporales de 20 años, se da la circunstancia de que la cartera de renta variable tiene menos volatilidad que la de renta fija, tal y como se indica en la gráfica:

Otra forma de verlo gráficamente es la siguiente:

Las barras recogen desviaciones de rentabilidad (volatilidad) de las carteras si invertimos 100% en renta variable (verde), 100% en renta fija (azul) y 50% en renta variable y 50% en renta fija (gris).
Se puede ver cómo, con el plazo, las rentabilidades anualizadas mínimas y máximas son muy superiores en el caso de activos de renta variable.
Conclusión
Como comentábamos anteriormente, y ya con cierta evidencia histórica, a través de la planificación podemos determinar necesidades de liquidez futuras. Para aquellas que tengan plazos superiores a 5 años, no tenemos que tener ningún problema en asignar activos de renta variable y convivir con la volatilidad, hasta que nos vayamos acercando a dicha necesidad de liquidez.
Para romper mitos, la volatilidad no hay que ligarla al riesgo. Es algo completamente normal en los mercados y hay que saber convivir con ella e incluso, con una buena estrategia, aprovecharla.
El riesgo, en mi opinión, es la pérdida total de una inversión, o comprar algo significativamente caro dejándonos llevar por la masa en momentos de burbuja, o tener una excesiva exposición en una estrategia o gestor; pero, sobre todo, el riesgo es que las familias no tengan el dinero cuando lo necesitan.
Volviendo al mundo de los viajes, no crucemos el océano en bicicleta y, cuidado, tampoco pensemos que por ir volando llegamos sin problema (en ala delta seguro que nos cuesta, si no diversificamos bien y no tenemos una buena estrategia). En el avión quizá tengamos algún momento de turbulencias, pero sabemos que se estrellan muchos menos aviones que coches y bicicletas.